Inspiración Divina: ¿Dios único autor bíblico?

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San Mateo y el Ángel de Rembrandt Harmenszoon van Rijn,  fue un pintor y grabador holandés. Este cuadro ilustra la inspiración concebida como dictado de Dios.

San Mateo y el Ángel de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, fue un pintor y grabador holandés. Este cuadro ilustra la inspiración concebida como dictado de Dios.

¿Qué entendemos por “inspiración divina de la Escritura”?

“…alude a la especial influencia de Dios sobre los autores humanos de la Biblia, una influencia de tal naturaleza que sirve de base a la afirmación de que Dios es el autor de los libros bíblicos”[1] De aquí surgen muchas más interrogantes y nos vemos ante un horizonte infinito, un “misterio sobrenatural”, consecuencias de racionalizar lo irracional; no obstante podemos llegar a aproximaciones muy valiosas y a en clarecer cuestiones que se han mantenido bajo un manto oscuro.

En latín el verbo inspirare significa “alentar en o sobre” y el termino va más dirigido a mover en un individuo una actitud en su mente. En el griego hay más términos: para referirse a un libro inspirado se usa el adjetivo theopneustos que viene a significar “alentados por Dios” y se utiliza el término theophoretos (guiado por Dios) y pneumatophoros (guiado por el Espíritu) para referirse a que el autor humano es el inspirado.  En el hebreo “no hay un conjunto de términos para cubrir la idea de inspiración divina de la Escritura”[2]

Debemos aclarar dos inquietudes: la primera es que la idea de inspiración como tal y las preguntas que nacen alrededor de esta no ha sido una idea de siempre; lo otro es que “Existe la idea, muy arraigada, de que los textos bíblicos surgen por el dictado de un ángel al escritor bíblico, al estilo del famoso cuadro de Rembrandt San Mateo y el Ángel”[3] pero debemos entender que el texto bíblico como tal nace con un proceso quizá nunca planificado y nada uniforme.

Dentro de la concepción judía la idea del origen divino de las escrituras no es un tema primordial de discusión, la idea de inspiración como hoy la entiende la iglesia no se encuentra en los escritos del Antiguo Testamento. Podremos, entonces, preguntarnos acerca de los profetas y la acción de Dios sobre estos sin embargo, tal como lo explica el Comentario Bíblico de San Jerónimo, este acción de Dios “se expresa en términos de una proclamación oral mediantes a cual Dios les comunica un mensaje (…) No hay indicación alguna de influjo divino sobre el escritor profético en el sentido de que Dios fuera considerado autor de tales escritos”[4]También puede tratarse de una convención literaria, el hecho de nombrar como fuente primaria a la divinidad le da más autoridad, veracidad y peso al mensaje profético sobre todo en  pueblos dónde su sistema social y político gira alrededor del religioso.

Vemos luego como en el Nuevo Testamento se le empieza a atribuir a las Escrituras una autoridad incuestionable, y un carácter definitivo; lo podemos ver en la común frase: “escrito esta”.

Como la inspiración se refiere sobre todo a algo que está escrito se observa como la idea de Dios como autor se hace presente en los inicios de la tradición cristina, pero se trata de una afirmación que atribuye a Dios la autoría de la Escritura y no de un cuestionamiento acerca de la inspiración como tal; pues el tema de inspiración con sus inquietudes que incluyen al ser humano como autor aparece muy tardíamente cuando la comunidad cristiana ya estaba asentada y tenía la necesidad de hacerse tales preguntas, aquí tenemos que nombrar dos épocas muy importantes: el renacimiento y la reforma.

¿Qué papel juega el hombre como autor en la Escritura? Si observamos la biblia podremos notar que no es uniforme en su estilo y ni si quiera en muchas posturas ideológicas, si hubiera sido escrita directamente por un solo autor supremo se trataría de una Escritura un poco más llana y uniforme; este argumento pone entre dicho la mera participación pasiva del autor humano y nos da vestigios de una participación mucho mayor.

Como se había mencionado anteriormente el verdadero estudio de la naturaleza de la inspiración fue comenzado a partir del renacimiento y la reforma hasta hoy, y han surgido varias teorías acerca de este tema, entre ellas el de la inspiración por medio de un dictado donde Dios comunica al autor humano las ideas y palabra por palabra la Escritura con una actitud consiente del hombre pero cooperativa y pasiva.

Después aparece una teoría que decía que la biblia fue escrita por recursos humanos pero que después fue aprobada por el Espíritu Santo; otros teólogos tomaron esa idea y la desarrollaron, entre ellos Bonfrére quien dijo que ciertas partes de los libros estaban escritos por autores humanos y que el Espíritu Santo solo intervenía para que estos no cayeran en errores, después esta idea fue extendida a toda la Biblia.

En el siglo XIX aparece una nueva idea con respecto a la inspiración y es que Dios puede ser considerado como autor del contenido, de la parte formal, de la idea pero la parte material, la expresión oral se le atribuye a los autores humanos; esta idea fue bien acogida no obstante existen problemas al separar idea de lengua, que forman parte de una misma dialéctica.

Con respecto a la inspiración surgen muchas dudas: ¿Cómo Dios inspira? ¿Qué facultades humanas están bajo el influjo de la inspiración divina?, ¿la voluntad, la conciencia, la ideología, la imaginación, la lengua? ¿Cómo se manifiesta la inspiración divina en el proceso que acaeció a la Escritura (redacción, copistas, traducción, sin olvidar claro la canonización)? ¿Todos los libros de la Biblia son inspirados?  Y al final volvemos a la pregunta del inicio: ¿Qué es inspiración divina?

Quizá no existan respuestas que satisfagan completamente el intelecto (la respuesta para el alma la satisface la fe) pero si se debe tomar en cuenta que en la formación de la Escritura el ser humano si tuvo una participación activa y no podemos negar el proceso por el cual paso la biblia y las múltiples variables humanas que participaron, la inspiración no se debe entender como un ángel dictando letra por letra al oído del autor humano cómo lo vemos a primera vista en el cuadro de San Mateo y el Ángel, pero si no se puede dejar de lado la inspiración en las reflexiones y estudios bíblicos (tampoco en los literarios, aunque no se trate de inspiración divina) sino más bien ver que si miramos más profundamente esa pintura encierra un misterio muy complejo.


[1] Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy, “Inspiración e Inerrancia”, en: Comentario Bíblico San Jeronimo, Tomo V, Madrid, (Ediciones Cristiandad). P. 10.

[2] Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy, “Inspiración e Inerrancia”, en: Comentario Bíblico San Jeronimo, Tomo V, Madrid, (Ediciones Cristiandad). P.11

[3] José E. Ramírez, Para Comprender el Antiguo Testamento. P. 322.

[4] Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmyer y Roland E. Murphy, “Inspiración e Inerrancia”, en: Comentario Bíblico San Jeronimo, Tomo V, Madrid, (Ediciones Cristiandad). P. 12.

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