El Árbol de la Vida de Gustav Klimt

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El Árbol de la Vida de Gustav Klimt

Más allá de la alusión al tema del “árbol de la vida” me interesa más publicar una de las obras de Gustav Klimt: por su 150 años, del que seguro nos informamos gracias a Google, pero este, su aniversario, y este, su triptico El Árbol de la Vida, se convirtieron en las excusas perfecta para publicar en Mana Hu algo de un artista que considero fabuloso, vivo y, claro está, simbólico; recordemos que Klimt es considerado un pintor simbolista, e introdujo en sus obras gran cantidad de símbolos que aportan distintos significados, y es precisamente esa la magia del símbolo: tener múltiples y ambiguos significados.

Gustav Klimt (1862 –  1918) fue un pintor simbolista austríaco, y uno de los más conspicuos representantes del movimiento modernista de la secesión vienesa. Klimt pintó lienzos y murales con un estilo personal muy ornamentado, que también manifestó a través de objetos de artesanía, como los que se encuentran reunidos en la Galería de la Secesión vienesa. Intelectualmente afín a cierto ideario romántico, Klimt encontró en el desnudo femenino una de sus más recurrentes fuentes de inspiración. Sus obras están dotadas de una intensa energía sensual, reflejada con especial claridad en sus numerosos apuntes y esbozos a lápiz, en cierto modo herederos de la tradición de dibujos eróticos de Rodin e Ingres. 

Gén 2, 9: “Yahveh Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.”
Cuando escuchamos “Árbol de la vida”, cuando vemos la representación de Klimt del Árbol de la Vida es posible que nos remita a Génesis 2-3 (que es el capitulo que hemos venido comentando publicaciones atrás), como una especie de intertexto visual que nos alude a este relato bíblico; sin embargo debemos darnos la oportunidad de considerar este Árbol de la Vida de Klimt como uno más simbólico y menos alegórico o alusivo, me refiero a ver un árbol de la vida más arquetipico, simbólico, universal y menos relacionado con el imaginario cristiano o más bien judeocristiano. Y es que considero que el mismo Árbol de la Vida que encontramos en el relato bíblico forma parte de ese lenguaje simbólico universal, pues este motivo se repite en diferentes mitologías, con diferentes formas y contextos, pero un mismo símbolo; lo encontramos en la mitología egipcia y su “árbol en el que se encerraba la vida y la muerte”, en la mitología asiria, en la mitología china, en la mitología nórdica, en la mitología de la india, en la mitología mesoamericana y sus  “árboles del mundo”…

y se podría continuar ya que el árbol es un símbolo recurrente y realmente importante en la mitología y religiones. El árbol o las hierofanías vegetales se caracterizan por ser (no me gusta usar la palabra “ser” o “representar”, pero al tener que hacerlo no me queda más que recordar que un símbolo nunca es pues puede tener múltiples significados) una síntesis de la realidad: su copa-cielo, tronco-tierra, raíces-inframundo: es una síntesis del cosmos. Además, pensemos que un árbol está sujeto a los ciclos de la vida a la sucesión de los ritmos cósmicos: muerte-renacimiento: inmortalidad. Y, claro, es el prototipo de planta que da la vida, la inmortalidad.
Por otro lado el árbol muchas veces es, en el caso del relato bíblico es observable, un lugar sagrado, un centro sagrado, un axis mundi. El árbol sagrado marca un lugar que es sagrado, no es de extrañar entonces que los primeros templos y lugares de culto fueran árboles. Debo recordar que no se trata de la naturaleza en sí sino de la fuerza de tras del símbolo.

El árbol expresa fuerza, vida, renovación, sabiduría, verdad, juventud, salud, lo sagrado, la inmortalidad, la fertilidad… también lo terrible, la hambruna, la sequía: puede dar y quitar, es lo sagrado por excelencia.

No me atrevo a hablar de arte pero me parece interesante notar los símbolos de diferentes culturas usados por Klimt en su obra, como en el caso del halcón y los ojos triangulares que nos remiten a símbolos de la religión egipcia por ejemplo. El ojo ya es, de por sí, un símbolo vaginal, al igual que los rombos y los círculos en la vestimenta de los sujetos en el cuadro, pueden ser por tato símbolos de la fecundidad, de la vida y la muerte  y su constante renovación.

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